El acuerdo petrolero impulsado por Donald Trump busca aprovechar las reservas venezolanas para fortalecer el abastecimiento energético estadounidense, pero enfrenta obstáculos técnicos, productivos y legislativos. El tipo de crudo, el deterioro de la infraestructura venezolana y la necesidad de aprobación del Congreso dificultan una reposición rápida de la Reserva Estratégica de Petróleo.
El acuerdo petrolero impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para ampliar la participación estadounidense en la producción de Venezuela comienza a mostrar sus alcances, aunque todavía persisten dudas sobre uno de sus principales objetivos: utilizar los ingresos y la producción venezolana para recomponer las reservas estratégicas de energía de Estados Unidos.
En los últimos días, Trump afirmó que la nueva participación mayoritaria de Estados Unidos en 17 yacimientos petrolíferos venezolanos le permitirá acceder a 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo, una cifra que supera ampliamente las reservas propias de Estados Unidos.
Entre los objetivos del proyecto se encuentra recuperar la capacidad de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR, por sus siglas en inglés), que actualmente se encuentra en su nivel más bajo desde noviembre de 1982, durante la presidencia de Ronald Reagan.
Según explicó Trump, el petróleo producido por la nueva empresa conjunta público-privada será destinado a recuperar las reservas de la SPR, después de que Estados Unidos liberara 130 millones de los 172 millones de barriles autorizados para reforzar el suministro durante la guerra con Irán.
Sin embargo, el plan enfrenta varios obstáculos.
Por un lado, el petróleo venezolano es denso y viscoso y no cumple con los estándares establecidos para la SPR, por lo que podría generar daños en las instalaciones destinadas a su almacenamiento.
Además, la infraestructura petrolera de Venezuela necesita importantes inversiones y reparaciones para alcanzar un nivel de producción suficiente como para contribuir de manera significativa a la reposición de la reserva estadounidense.
A esto se suma que el Congreso debe aprobar las compras de petróleo destinadas a la SPR.
En paralelo, ya existe un programa en marcha para comenzar a recuperar los niveles de la reserva estratégica.
La administración Trump podría encontrar mecanismos para superar algunas de estas dificultades. Sin embargo, utilizar directamente petróleo venezolano para llevar la SPR a su capacidad máxima difícilmente constituiría una solución inmediata al problema.
En qué consiste el acuerdo petrolero
La Casa Blanca calificó el acuerdo como el “mayor acuerdo petrolero de la historia mundial”.
En el marco de ese entendimiento, la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono, una dependencia poco conocida, adquirirá una participación accionaria de hasta el 35% en una empresa propietaria de North American Blue Energy Partners (NABEP), considerada la segunda mayor productora privada de petróleo de Venezuela.
Según informó la Casa Blanca, NABEP tiene previsto invertir US$100.000 millones en nueva infraestructura destinada a extraer petróleo de sus yacimientos.
La compañía está controlada por la familia de Alejandro Betancourt López, un empresario internacional radicado en el Reino Unido que ha sido objeto de investigaciones.
Betancourt fue investigado en España por presuntos delitos de fraude y blanqueo de capitales, aunque todavía no fue imputado. Una investigación similar realizada en Suiza terminó sin que se presentaran cargos.
Un portavoz de NABEP no respondió a una solicitud de comentarios.
La Casa Blanca sostuvo que NABEP estará sometida a las leyes estadounidenses y que el Gobierno de Estados Unidos tendrá poder de veto sobre el nombramiento de integrantes de su junta directiva.
Además de la participación accionaria, el Departamento de Estado estadounidense tendrá derecho a adquirir el 20% del petróleo venezolano producido por NABEP al costo de producción.
El organismo también contará con un derecho de tanteo, es decir, una preferencia para comprar el resto de la producción.
De esta manera, la administración Trump sostiene que el acuerdo le otorga una participación total del 55% en la nueva empresa conjunta.
El problema del petróleo pesado venezolano
A largo plazo, la asociación entre el sector público y el privado podría permitir que empresas energéticas instaladas en la región del Golfo aseguren un mayor acceso al petróleo venezolano, debido a que sus refinerías fueron diseñadas específicamente para procesar este tipo de crudo.
Estados Unidos necesita petróleo pesado como el que produce Venezuela para fabricar asfalto y aceites industriales, además de utilizarlo para producir de manera eficiente diésel y combustible para aviones.
Por esa razón, Venezuela constituye la segunda mayor fuente de petróleo importado por Estados Unidos, solamente detrás de Canadá.
Sin embargo, las características de ese crudo pesado no contribuyen a solucionar el problema que enfrenta actualmente la Reserva Estratégica de Petróleo estadounidense.
El petróleo venezolano no cumple con los requisitos de almacenamiento establecidos por el Departamento de Energía para la SPR.
La razón es que acondicionar las instalaciones para almacenar ese tipo de crudo en las cavernas subterráneas de la reserva tendría un costo superior a los beneficios y podría generar importantes dificultades operativas.
El Departamento de Energía ya había determinado que los costos superarían las ventajas de almacenar petróleo pesado, según una revisión estratégica de largo plazo de la SPR realizada en 2016.
En aquel momento, el organismo concluyó que la combinación existente de petróleo ligero con alto contenido de azufre y petróleo ligero con bajo contenido de azufre era suficiente para responder ante una eventual crisis.
Incluso si el petróleo venezolano fuera mezclado con crudo más liviano, seguiría generando dificultades durante los próximos años, señaló Matt Smith, director de investigación de materias primas de Kpler.
Venezuela tiene grandes reservas, pero no puede aumentar la producción de inmediato
Más allá de las dificultades relacionadas con el almacenamiento, tampoco está claro que Venezuela disponga de una cantidad significativa de petróleo adicional que pueda comenzar a producirse de manera inmediata.
El país elevó sus exportaciones hasta 1,2 millones de barriles diarios, aproximadamente 150.000 barriles más por día que a comienzos de año, según Luisa Palacios, expresidenta de Citgo y actual directora gerente del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia.
Aunque ese volumen se encuentra muy por debajo de los 3,5 millones de barriles diarios que Venezuela producía antes de la llegada del socialismo al poder a finales de la década de 1990, Palacios explicó que la infraestructura petrolera deteriorada del país requiere grandes reparaciones e inversiones durante varios años para poder acercarse nuevamente a sus niveles máximos de producción.
Venezuela posee 303.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo, las mayores del mundo.
Sin embargo, disponer de reservas no significa contar con la capacidad de producirlas inmediatamente. Incluso con el acuerdo alcanzado con Estados Unidos, la producción adicional no podrá ponerse en marcha de un día para otro.
“Esta no es una solución a corto plazo para el agotamiento de la Reserva Estratégica de Petróleo provocado por la situación con Irán”, afirmó Helima Croft, directora de estrategia global de materias primas de RBC Capital Markets.
El propio Trump reconoció que el acuerdo requerirá tiempo para comenzar a mostrar sus resultados.
Durante una reunión en el Despacho Oval el lunes, el mandatario admitió que la asociación no produciría suficiente petróleo como para reducir los precios de la gasolina antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
“Hablan de dos o tres años”, comentó. “Pero, aun siendo dos años, es un periodo breve”.
Tampoco existe certeza sobre la posibilidad de que Trump pueda disponer unilateralmente la utilización de petróleo venezolano para recomponer la SPR.
El Congreso debe aprobar las compras de crudo destinadas a recuperar las reservas estratégicas. La Casa Blanca no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios.
Por esa razón, durante la histórica liberación de reservas realizada este año, el Departamento de Energía optó por vender petróleo mediante un sistema de intercambios.
El Gobierno estadounidense acordó entregar el crudo durante el conflicto a cambio de que los receptores devolvieran posteriormente la misma cantidad, evitando de esa manera la necesidad de obtener la autorización del Congreso.
La alternativa de intercambiar petróleo venezolano por crudo estadounidense
Analistas del sector petrolero consideran que una posible manera de utilizar petróleo venezolano para contribuir a la recuperación de la SPR sería recurrir a mecanismos de intercambio similares.
La nueva asociación entre el Gobierno estadounidense y el sector privado podría vender el petróleo venezolano a las refinerías de la región del Golfo que necesitan ese tipo de crudo.
A cambio, las compañías petroleras podrían entregar a Estados Unidos petróleo ligero para incorporarlo a la Reserva Estratégica de Petróleo.
“Así es como el Gobierno introduciría el ‘petróleo venezolano’ en la SPR”, explicó Andy Lipow, presidente de Lipow Oil Associates. “Se trata de barriles, no del petróleo físico en sí”.
Investigadores de Clearview Energy Partners plantearon una alternativa similar.
Según esa propuesta, la Casa Blanca podría comercializar el crudo venezolano en el mercado abierto y utilizar los ingresos obtenidos para comprar petróleo ligero producido en la cuenca del Pérmico o en otras regiones de Estados Unidos con el objetivo de reabastecer la SPR.
Ese mecanismo permitiría superar algunos de los obstáculos actuales.
Por un lado, posibilitaría almacenar en la reserva estratégica un tipo de petróleo que resulta adecuado para sus instalaciones.
Además, como la administración Trump no compraría directamente el crudo que sería almacenado en la SPR, técnicamente no sería necesaria la intervención del Congreso, explicó Lipow.
De todos modos, tampoco se trataría de una solución inmediata.
Los niveles de petróleo de la Reserva Estratégica se aproximan progresivamente a sus mínimos operativos, por lo que Estados Unidos podría necesitar una estrategia más rápida, especialmente ante la posibilidad de enfrentar un huracán u otra situación de emergencia.

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