El financiamiento familiar en pesos no logra reactivarse en el mercado local. De acuerdo con el último relevamiento de First Capital Group basado en datos del Banco Central, el uso de plásticos registró una contracción real del 1,7% en mayo, profundizando una tendencia a la baja que afecta de forma directa el poder de compra en los comercios de cercanía y las dinámicas de abastecimiento en los barrios porteños.
El acceso al financiamiento para el consumo doméstico continúa mostrando signos de fatiga estructural. Durante el mes de mayo, las operaciones con tarjetas de crédito sumaron su quinto mes consecutivo de retroceso en términos reales, reflejando una brecha persistente entre las variables macroeconómicas generales y la economía diaria de las familias. El informe de First Capital Group detalla que, si bien el saldo global alcanzó los $24,6 billones —un incremento nominal del 0,7% mensual y una suba interanual del 27,4% frente a los $19,3 billones del ciclo previo—, el descuento por inflación diluyó las subas. Con una proyección inflacionaria privada del 2,4% para el último mes, la variación real arrojó un saldo negativo del 1,7% mensual y un achicamiento interanual del 4,6%, consolidando un sendero contractivo que, como detalla la imagen «foto noti, datos importantes pasar a texto.webp», acumuló caídas consecutivas del 4,3% en enero, 3,0% en febrero, 3,3% en marzo y 0,9% en abril.
El declive en las herramientas de crédito no se restringe a las tarjetas de crédito. Los préstamos personales acumularon en mayo su octavo mes de caída consecutiva con un ajuste del 1,4% real, mientras que las líneas prendarias e hipotecarias mantuvieron variaciones prácticamente nulas. Según analistas de la entidad, el fenómeno responde a un cambio en el comportamiento de los consumidores y a la progresiva desaparición de las cuotas sin interés, que históricamente actuaban como un mecanismo de resguardo para anticipar compras frente a la inflación. Ante una desaceleración de los precios y la falta de incentivos de financiamiento gratuito, los tarjetahabientes redujeron sustancialmente el uso de esta operatoria.
A este panorama se suma una mayor rigidez por parte de las entidades bancarias a la hora de otorgar o ampliar los márgenes de compra. La morosidad general en los créditos privados ascendió del 7,0% en marzo al 7,2% en abril, impactando con mayor fuerza en el segmento de consumo familiar, donde el ratio de incumplimiento trepó del 11,5% a casi el 12% según los datos de la central de deudores del Banco Central al 29 de mayo de 2026. Por su parte, el saldo en dólares de las tarjetas decayó un 5,6% mensual, ubicándose en US$737 millones. En contraste con la parálisis del financiamiento en pesos para los hogares, la única excepción del sistema la aportó el crédito comercial e institucional, que logró quebrar una racha negativa de cuatro meses al anotar un avance real del 1,1% impulsado por la estabilidad cambiaria de las últimas semanas.

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