11 mayo, 2026

Vigilancia inteligente: qué significa para nuestro barrio el desembarco de Palantir

Tras la reunión del Gobierno con el magnate Peter Thiel, se analiza el uso de algoritmos de inteligencia artificial para cruzar datos personales de todos los argentinos.

La reciente visita a la Casa Rosada de Peter Thiel, fundador de la empresa de vigilancia Palantir, puso en alerta a quienes seguimos de cerca la privacidad en nuestras calles y hogares. El acuerdo buscaría unificar las bases de datos del Renaper, ARBA y otros organismos estatales bajo un mismo software de inteligencia artificial, una tecnología que ya se utiliza en otros países para tareas de vigilancia masiva y objetivos militares.

Para entender cómo nos afecta esto al caminar por el barrio, hay que mirar lo que Palantir hace en el mundo. En Estados Unidos, su sistema se utilizó para rastrear redes sociales y ejecutar redadas migratorias. Ahora, con el nuevo decreto de la SIDE que crea la Comunidad de Inteligencia Nacional, el Gobierno argentino pretende que esta empresa privada maneje el cruce de nuestra información más sensible, desde nuestra identidad hasta nuestros movimientos económicos.

La cercanía de este desembarco no es solo administrativa; Thiel ya es prácticamente un vecino más. El empresario acaba de comprar una mansión de 1.600 metros cuadrados en Barrio Parque por 12 millones de dólares. Mientras nosotros nos preocupamos por la seguridad en las esquinas, estas herramientas de «big data» operan de forma invisible, borrando el límite entre lo que es información pública y nuestra intimidad más absoluta.

El riesgo que señalan los especialistas es que estos algoritmos, que hoy se prueban en conflictos bélicos en el exterior, no tienen supervisión humana clara y suelen cometer errores graves. Dejar la gestión de nuestros datos en manos de corporaciones que también diseñan software de guerra cambia por completo la noción de seguridad que tenemos en la Ciudad, pasando de la prevención vecinal a una vigilancia robótica y constante.

Aunque se presente como una solución moderna a la inseguridad, queda pendiente el debate sobre quién cuidará nuestros datos y qué límites tendrá esta tecnología dentro de nuestras propias casas.